Archivo mensual: julio 2014

DISPARATE NACIONAL

Villa Rebuznos de la Solanera era un pueblo de la provincia de Granada que lindaba con la vecina Jaén.
Un pueblo que hoy, once de julio de 1873, celebraba por todo lo alto que ya no se encontraba bajo el implacable yugo del Estado Español, pues ahora eran libres, ahora ellos mismos habían formado su propio Estado.
El Cantón de Villa Rebuznos…

Los más despiertos,los más pícaros y los más sinvergüenzas dirigían la insurrección,guiando bajo sus consignas a las masas analfabetas de campesinos muertos de hambre, de pobre gente flaca, cerrada y abandonada desde hacía siglos de algo parecido a un buen gobierno.
Se habían cepillado al alcalde, al que colgaron como un marrano en mitad de la plaza, al boticario lo apalearon hasta la muerte y mientras lo hacían algunos se llevaban la morfina y el láudano de la botica, el cura fue arrastrado por las calles hasta que quedó convertido en una masa informe de carne y tela rasgada y al cabo de la Guardia Civil, pese a que el hombre siempre había protegido y ayudado a todo el mundo sin distinciones y era bueno como el pan, le pegaron dos tiros en la puerta del cuartelillo.

Algunos habían abierto la boca para protestar por tamaños desmanes y sangrías, pero el hervor cantonalista en Villa Rebuznos había nacido violento y explosivo,con las turbas enloquecidas sin atender a ruegos ni peticiones de nadie y al que había protestado lo silenciaron como se callan en nuestro país las voces discordantes, o sea, a “puñalás”.
Aquí es que ya se sabe que andamos siempre buscando cosas que nos diferencien y sólo encontramos sangrientas similitudes. Aquí todos manejamos la soga y el cuchillo con la misma mala leche, desde Betanzos hasta Tarifa.

El caso es que en Villa Rebuznos se había declarado el Cantón.
Y se celebraba con todo el mundo en la plaza bailando y tocando paso dobles y rumbas flamencas.
Todo el mundo estaba borracho gracias al vino que le habían robado a Paco,el bodeguero,al que habían cosido a puñaladas en la puerta de su establecimiento cuando se había atrevido a preguntar qué quién iba a pagar todo aquello.
Lo mataron con la excusa de haberse negado a repartir el vino gratis entre el ejército cantonal.

Todos pensaban que ahora el pueblo crecería y prosperaría, ahora que se habían convertido una taifa independiente podría defender sus propios intereses… Los de ellos,claro,que eran los importantes.
A los demás,que les diesen,porque,¿cuándo se habían preocupado los de Sevilla por ellos?… ¿Y los del lejano Madrid?… Pues eso.

Claro que el vecino y poderoso Cantón de Granada tenía apetencias sobre su territorio y a ellos no les quedaría más remedio que defenderse.
Por eso habían enviado una comisión de paz y amistad al vecino Cantón de Jaén,archienemigo de los granadinos,para pedir su apoyo y alianza en la inevitable guerra que se avecinaba… Porque guerra habría seguro.

Por eso lo primero que habían hecho todos los Cantones – y Villa Rebuznos no era una excepción- había sido armarse hasta los dientes y preparar la defensa de su sagrado territorio y de sus altos ideales.
Por eso ahora había trincheras en toda España.
En el norte las trincheras Carlistas, en el Levante y el Sur las Cantonales.
Un siglo llevábamos los españoles metidos en las trincheras, desde que juntos habíamos expulsado a Napoleón y luego, juntos también, la habíamos cagado.
Cuando dejamos que se nos pudriesen la honra, las ideas y el honor. Cuando perdimos el tren de la Historia y nos quedamos anclados en el andén a navajazos los unos contra los otros, mientras Europa nos miraba y comenzaba a decir aquello de: “Spain is different”…
O como decía el gabacho Obelix: “Están locos estos Hispanos…”

En Villa Rebuznos la fiesta y el jolgorio continuaban. La nueva corporación cantonal que se había constituido en el nuevo gobierno vaciaba los barriles de tintorro mientras los ciudadanos les jaleaban y bebían al mismo ritmo.
¡Viva, Viva! -gritaban desaforados.

Ya todo el mundo les hacía la pelota a los nuevos mandamases, a ver si así podían pillar una prebenda o un favor,a ver si se colocaban en la nueva administración y se tocaban los huevos durante el resto de la vida,y con el respeto de amigos y vecinos de propina.
El futuro era halagüeño y prometedor.

El próximo paso era aliarse con la todopoderosa Cartagena, que tenía barcos y se enseñoreaba del Mediterráneo… Contaban que los cartageneros habían asaltado la ciudad de Almería vaciado las cajas de caudales,luego también Alicante.

La fiesta seguía con la bandera roja, azul y morada, que era fea como para morirse, flameando en el campanario de la iglesia, ahora profanada y convertida en Cuartel General del Ejército Cantonal.

Desde mi ventana podía ver a la gente de mi pueblo gritar de alegría y bailar borrachos celebrando que ya eramos España. Mientras el corazón se me encogía y la vista se me nublaba con el alma rota por la certeza de que jamás nos daríamos cuenta y de que jamás lo conseguiríamos.
Por eso se largó mi amigo don Estanislao Figueras. El hombre hasta los huevos de todos nosotros decía que estaba, y llevaba más razón que un Santo. Por eso se fue corriendo hasta París sin mirar atrás.

En todos sitios había prendido aquella llama, aquel fuego destructor, que ni monarquía ni república respetaba, en todos los sitios la misma e inútil respuesta:
Repudiar, pisotear, denigrar, humillar, odiar a muerte al vecino y al hermano.
Y seguía la fiesta…

En la plaza grande de Villa Rebuznos la gente bailaba y disparaba al aire, pataleando de júbilo gritaban hasta desgañitarse.
Mi Cantón, mi terruño, mi parcela, mi trozo, mi solar, mi propiedad…- gritaban.

Desde la ventana los miraba…
Y solamente podía pensar mientras veía a mi pobre pueblo, a mi pobre gente, a mis paisanos ciegos y engañados, hartos de hambre, abandonados, cerrados, caínes, avariciosos, pícaros…
Sólo podía pensar:

– ¡Dios mío, qué pena, qué pena!

A. Villegas Glez. 2012

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