Archivo mensual: junio 2014

El Apagón

Hay que ver lo que son las cosas. Resulta que a uno le quitan la corriente eléctrica y es como si le quitasen la vida.
Esta mañana ha sucedido en mi barrio. La sensación consecuente es tan de vacío y desamparo que da hasta miedo.

Cuando se va la luz, nuestro mundo se derrumba y regresamos en un instante al Medievo la tenaza de la certeza y la comprensión te agarra muy fuerte de los huevos. ¿Qué pasaría si no volviese la electricidad?, te preguntas aterrado, sabiendo que la respuesta incluye el caos y el regreso a las edades oscuras.
¿Qué pasaría…?
Es difícil obtener una respuesta pues las sensaciones son tan arrolladoras que apenas les haces caso, ya bastante tienes con el cabreo monumental que arrastras porque no puedes conectarte a la red y el ordenador se ha convertido, tan sólo, en un mudo testigo de que, sin electrones correteando, no eres más que un ser humano perdido y sin cueva en la que ocultarte.
La pantalla negra como el negro futuro que tenemos por delante el día que el apagón sea definitivo, las bombillas inútiles como un faro en mitad del desierto, el frigorífico chorreando, la caldera de agua caliente seca, la hornilla fría, los teléfonos, últimos representantes de la edad terminada, quedándose sin baterías y los humanos mirándose y preguntándose los unos a los otros que cómo se hacía el fuego…
Esta mañana ha sido el primero, ahora en verano llegarán más, muchos más cortes de electricidad y muchas más horas mirando la pantalla oscura.
Porque en verano exigimos a nuestro voraz -en cuanto a cobro de tasas pero inútil en el servicio- sistema energético, muy por encima de sus posibilidades, poniendo todo Cristo el aire acondicionado a toda potencia, como si aquí nos sobrase el petróleo como a esos de Qatar. Cuando aquí lo único que nos sobra es la desvergüenza.
El caso es que cuando se apaga todo se te queda una cara de imbécil que mejor no mirarse en el espejo en unas horas, te quedas más perdido que la diez-once,(para los profanos diré que es una llave fija chiquitilla que siempre acaba en el último recoveco de la caja de herramientas), se te para la vida, se te encoge el corazón, te quedas pasmado, desorientado y, aún sabiendo que la luz volverá, con la sensación de que cualquier día no vuelve y el mundo, tal y como lo conoces, se va directamente a la mierda. Sin lucecitas ni leds ni gaitas eléctricas, (de las otras sí, mientras haya quien sople), sin atronadores efectos de luz y sonido, sin conexión interplanetaria.
En mitad de la oscuridad…
© A. Villegas Glez. junio 14

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