Archivo mensual: mayo 2014

El Pozo y el Salto

Cuando nos caemos a un pozo lo hacemos de golpe, sin darnos tiempo apenas a agarrarnos a nada, siquiera al filo resbaladizo.
Caemos hasta el fondo como piedras y nuestros intentos de agarrar las paredes y amortiguar la caída se tornan fútiles maniobras que a nada llevan, intentos vanos de parar el golpe.
Este es más o menos grave si en el fondo del pozo hay agua o no. Yo casi siempre caigo en fango, en lodo oscuro que debería detener el porrazo pero que no hace sino multiplicarlo, ahogándote luego entre borbotones oscuros y pegajosos.

Luego, tras mirar arriba, al tramo de luz que el borde del pozo enmarca comenzamos a pensar en cómo y de qué manera vamos a salir de allí, de aquel oscuro agujero inmundo, húmedo y posiblemente lleno de ratas y de otras especies desagradables.
Comenzamos a escalar, llenos de entusiasmo, seguros, decididos, aupados por la fuerza de convicciones y de nuestro orgullo. Casi siempre resbalamos y volvemos a caer, unas veces de más alto, otras de más abajo, pero un traspié, un resbalón, un mal paso, el verdín de las piedras, o los inexistentes apoyos nos llevan de nuevo al fondo.
Y así una vez y otra. Hasta que el desánimo y el desconsuelo nos atrapan, hasta que se termina el valor y solamente queda el abatimiento y la derrota.
Y así una vez y otra…

Estando en esta tesitura, de escaladas sin meta, de continuos resbalones y de caídas contra el barro, me puse a pensar, cosa que no hacía casi desde que al pozo me había caído.
¿Si me caí de golpe-pensé-por qué no salir lo mismo?
Decidí entonces acumular fuerzas, para lo cual me reía de mí y de mi situación adversa, no gastaba energías en lamentarme ni en intentos que serían nuevos desastres, aprendí a tener paciencia, cosa que jamás tuve, estudié la manera más correcta de salir de aquel túnel.

¡Saltando!- me dije.
¿Tan alto?- me respondió mi razón y mi conciencia.
¡Sí!- gritó mi corazón harto de verse allí abajo, en mitad del oscuro, mojado y frío mundo del pozo al que había caído.
¡Adelante!- afirmó mi alma y mis piernas comenzaron súbitamente a flexionarse.

El primer salto, claro, fracasó, para qué decir lo contrario, el pozo es profundo y asentar los pies en el fondo lodoso es complicado, sin embargo, a pesar del fracaso, aquel primer salto llenó de esperanza mi maltrecho cuerpo y de alegría mi ánima.
¡Podía hacerlo!, estaba seguro, sólo era cuestión de tiempo.

El segundo salto se quedó corto. Por poco, pues logré por vez primera en años, aspirar el aire limpio que por encima del brocal llenó mi nariz el instante, que por allí se asomó, y mis ojos se llenaron de luz y de ilusión cuando pude ver el verde de los montes y hasta mí llegó el olor de la tierra y el calor del sol.
Aquel aire me ha llenado de fuerza para el tercer salto…

Quizás esta vez lo consiga, quizás no. Pero si no alcanzo, seguiré intentándolo, hasta que un día, no sé cuándo, miraré atrás y este pozo en el que me caí de golpe, igualmente, así sin casi darme cuenta, pueda abandonar.

© A. Villegas Glez.

pozo

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