Archivo mensual: enero 2014

Claroscuro

No hay peor odio que el odio por uno mismo.

Cuando la negrura atraviesa el alma y la ponzoña inunda el corazón, cuando intentas ponerte en pie y tu mismo miedo te lo impide, cuando te das cuenta de que la pelea es inútil y de que todo está perdido de antemano, de que por mucho que luches la negrura acabará venciendo, cuando esto pasa, el desprecio por tí mismo alcanza cotas tan amargamente altas que, desde abajo, sabes que te resultará imposible escalarla.

Pensamientos que atraviesan tu cabeza como puñales negros impregnados de veneno hacen que las rodillas se doblen, vencidas y que la cabeza se humille y los ojos se llenen de lágrimas. Pasado el tiempo de la complaciente auto compasión, llega el momento de la certeza, de la lucidez, del conocimiento doloroso de tu propia alma. Llega el instante en el que miras dentro de tí y tan sólo contemplas fracasos, decepciones y recuerdos con forma de almendra amarga. Entonces te odias con tanta fuerza que el ego se marchita y la conciencia se torna demonio que exprime tus flacas esquinas, que aprieta tus sogas, que cierra tus candados, que te martillea cruel, recordándote que no eres nada ni nadie.

Por dentro las tripas encogen y se expanden multiplicando la sensación de ahogo, la garganta se cierra y la mente, ésa loca incontrolable, gira y gira sin cesar, arrastrándote por el lodo de tus propias defecaciones, manteniendote pegado al suelo y sin posibilidad de alzar la cabeza. Un pie invisible pisotea los riñones y golpea incesante en la entrepìerna mientras una mano fuerte y carente de piedad te ahoga sin prestar atención a tus estertores de agonía.

Te agarra el torbellino de tus propias sensaciones, te hace girar, te eleva y te deja caer, arrojándote sobre un mar oscuro y embravecido que te zarandea como a un muñeco, ahogándote y haciéndote morir una y mil veces antes de estrellarte inexorable contra las rocas de tus propios remordimientos.

No hay peor odio que el odio por uno mismo. Ni peor batalla que la que te enfrenta a tus miedos, a tus fantasmas, a tus recuerdos pesados, amargos y negros. No existe pelea que de más miedo ni más pavor, pues ninguno sabemos si saldremos vencedores o vencidos, fuertes o débiles. Ninguno sabemos si podremos escalar la amarga montaña de nuestras propias limitaciones.
Pero, hay que intentarlo… Pelear hasta el último aliento, luchar a brazo partido, rechazar el tenebroso sentimiento y subir y subir la montaña todo lo que podamos. Quizás nunca alcancemos la cima, quizás, pero mucho peor es quedarse abajo en el barro, mucho peor es no alzar los brazos y gritar, (o escribir, que es lo mismo), plantarle cara a la tormenta y decirle a la cara que allí estás, un simple ser humano, un simple mortal anclado por sus terrores y por sus errores, uno más en el Mundo que gira, uno que, aún hundido hasta el cuello, intenta seguir respirando.

Porque, a fin de cuentas, estamos vivos y hay que seguir luchando…

(C) A. Villegas Glez.

oscuro2

 

 

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Personal