Archivo mensual: abril 2013

El Compañero Caído

No lo recuerdo con claridad pues han pasado veinte años y hay detalles que se difuminan, nombres que se pierden en ése baúl profundo y oscuro que llamamos memoria.

No recuerdo si era ya de noche en la formación de retreta o a mediodía a la hora de comer. Aquel verano las formaciones para transmitirnos noticias y órdenes extraordinarias se sucedieron con rapidez una detrás de otra.

Todo sucedió acelerado aquel verano.

Lo que era una misión humanitaria, fardando en la tele de boina azul, se tornó en un tira y afloja con la suerte, algo cambió a peor y nos pilló a nosotros en medio. Un cambio en el panorama, una nueva misión. Algo que llamaron los peces gordos “De Interposición”…  Claro, como ellos no se tenían que “interposicionar”.

Las imágenes ya les digo se entremezclan: Carreras aceleradas, caras de preocupación y los cuchicheos que traen la noticia terrible, el pasmo que te entra, la incredulidad, la pena, la rabia, el miedo… Y las lágrimas que afluyen a tus ojos sin tu quererlo.
Un compañero caído.
Un español abatido cuando llevaba ayuda al necesitado. Un morterazo casi en los pies. ¡Malditos hijos de puta!

Recuerdo la lectura de la orden bajo un silencio sepulcral y los rostros serios, compungidos.
Todos más marciales que nunca mientras el sargento con la voz quebrada y los ojos acuosos, leía:

“En la ciudad de Mostar ha sido herido hoy el teniente Don Arturo Muñoz Castellanos mientras llevaba plasma y medicamentos al hospital de la parte musulmana….”

Un rato antes el teniente había descargado el mismo plasma y las mismas medicinas en el hospital de la parte croata. ¡Toma para ti uno, y para ti otro…! Que a todos se les repartía lo mismo y a todos se les trataba igual. Aunque ellos, a lo suyo, seguían lanzándose pepinazos los unos a los otros tan frescos.

Cuando el sargento ordenó rompan filas, sí recuerdo que nos quedamos todos desolados. Quieta la compañía por un instante. Inmóviles, sin atreverse nadie a romper el silencio.

Éramos la UAL, un batiburrillo de doscientos Cuerpos, legionarios, “pistolos” , “paracas” y hasta marineros de La Compañía de Mar de Ceuta, una mezcolanza que los mandos legionarios se encargaban de amalgamar. Un montón de gente que se miraban arrogantes unos y desconfiados otros al principio de todo, cuando nos juntaron en Almería.

Recuerdo que los “legías” no querían que los soldados de tierra llevásemos el chambergo con la pica, la ballesta y el arcabuz sino con “El Pollo”… Venían a cambiárnoslo si, en el reparto, les había tocado la china, a mí, la verdad, semejantes gilipolleces jamás me hicieron temblar el pulso, así que me quedé con mi águila imperial que a fin de cuentas nos tiene a todos bajo sus alas, igual que las Aspas de San Andrés, igual que la pica, igual que el ancla o igual que el “roquisqui”.

Recuerdo como aquel revuelto de soldados, bajos, altos, rubios, morenos, con acentos de cada una de las provincias y tierras de España, recuerdo cómo nos mirábamos aquella noche de mayo, cuando nos mataron al primer compañero de La Agrupación. Después, caerían nueve más. 
Todos están ahora a la derecha del Padre pues todos eran soldados leales y valientes.

Recuerdo cómo nos mirábamos sin decir nada, algunos abrazándose, otros alrededor del capitán que explicaba el suceso: Un pepinazo de mortero muy cerca, mucho… Al teniente se lo llevaban, vía aérea a España, gravísimo.

Tres días después le rendíamos honores en cada destacamento desde Divulje hasta Jablanica. Tres días después murió nuestro camarada. Al despertar cada mañana desde el último cocinero hasta el comandante de la Compañía lo primero que preguntábamos durante aquellos tres días era: ¿Cómo está el teniente?. Todos los que allí estábamos, lo juro, no nos sentíamos otra cosa que hermanos y uno de ellos estaba muy grave y muy lejos.

Tres días después cantábamos el “Novio de la Muerte” en honor de nuestro hermano caído bajo el sol croata, con el alma en los pulmones y el corazón en cada nota y les juro que solo podíamos sentirnos una cosa con nuestra bandera roja como la sangre del teniente y gualda como el sol de la tierra que le vio nacer ondeando a media asta.

Solamente podíamos sentirnos, españoles. Españoles heridos y llorando por nuestro hermano con la furia contenida en las tripas y la rabia palpitando en el corazón, gritando viejas palabras que sonaban a desquite y a venganza.

Recuerdo cómo nos miraban los representantes de las otras naciones que por allí había.
Y recuerdo cómo nos miraban admirados y cómo nos saludaron al desfilar…

Fue tan grande el orgullo, tanto el sentimiento, tanto el dolor y tantas las emociones contenidas que cuando terminamos y gritamos ¡Viva España!, un escalofrío recorrió el aire y el silencio que vino después sólo se rompió cuando el corneta ordenó marcha y todos dimos un paso al frente en honor del compañero caído.

El mismo que hubiésemos dado si nos llegan a ordenar ir a por los fusiles , subir hasta Mostar y darles una ración de Furia Española a quién se nos hubiese puesto por delante.

Dedicado a los diez compañeros que jamás regresaron. DEP Hermanos.

© A. Villegas Glez.   2012

 

Tte. Muñoz Castellanos

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