Archivo mensual: febrero 2013

Carácter Español

No podemos negar lo que somos, ni cómo somos los españoles. Por mucho que nos esforcemos en aparentar y en querer arrancar de nosotros nuestra esencia, nuestra alma.

Tenemos una forma de ser, un carácter que nos define. Mediterráneo y sureño, emparentado con el de italianos, griegos y turcos. Lleno de pasión, de rabia, de fanatismo, de sangre ardorosa. Lleno también de pragmatismo, de adaptación.

Nuestro carácter  incluye también gotas de pícaro buscavidas.

Visionando un vídeo sobre La División Azul, me reafirmé en mi convicción. Y como siempre que me entero de las andanzas de mis compatriotas por esos mundos de Dios, se dibujó en mi cara una sonrisa cómplice.

La División marcha a pie desde hace días hacia el frente de Leningrado. Les han cambiado el destino a mitad de camino, ya no van a Moscú, el frente del norte les espera.

Ahora hay españoles que se avergüenzan de que participásemos en el terrible cerco de la ciudad, olvidando que en las zonas donde estuvimos los españoles nos hicieron hasta canciones y la pobre gente rusa se arrimaba a nuestras cocinas y jamás se marchaban de vacío:

-Perros comunistas -dirían, que me extraña – pero después le daban el chusco al maldito niño bolchevique de ojos hundidos por el hambre.

Que hasta en mitad de la guerra más atroz siempre hay lugar para sentimientos nobles, auque luego agarres la ametralladora y cumplas tu deber. Que una cosa es ser soldado y otra muy diferente, matarife. Bueno, que me disgrego y me voy de paseo por los cerros de Úbeda.

Como les iba diciendo:

La División marcha hacia el frente. Días y días de caminatas, de descubiertas, de risas en las filas, de gruesos insultos españoles en cien acentos diferentes, de riñas, de charlas patrióticas en los descansos… También días en los que los alemanes vigilaban y evaluaban al soldado español.

Indisciplinados, siempre con las guerreras abiertas, dejándose bigotes, patillas y perillas, cantando a voz en grito, peleándose unos con otros, los oficiales mezclados con la tropa, pícaros, desobedientes… También espabilados que han aprendido a manejar el material alemán con sorprendente eficacia y en sorprendente poco tiempo.

Así que durante los altos en las marchas, cuatro días a pie, uno de descanso, los mandos alemanes, preparan revistas de material y de armamento para así intentar meter en vereda a tan díscolos soldados.

Ya en Grafenwort, durante la instrucción las escapadas nocturnas a tascas, casas de mala nota y visitas a muchachas o no tan muchachas del pueblo y las peleas con los solados alemanes, arrogantes tras sus fulminantes victorias salpicaban la ciudad, la arrogancia de unos chocaba con el orgullo viejo, de siglos, de los otros.

Los pequeños y quisquillosos españoles, con resorte comunitario, se arrojaban al cuello de cualquiera que osase  maltratar a su patria o a un compatriota. Y se armaban tanganas de película del Oeste.

Y los alemanes, claro, tan rígidos, tan prusianos, tan tiesos, tan cuadriculados, tan eficaces, pretendían doblegar el carácter español manteniendo la disciplina militar, y por eso las revistas de material, aunque absurdas en mitad de Polonia, se sucedían una tras otra durante la marcha. Los alemanes muy serios, los españoles con la antigua resignación de pueblo maltratado y aguantando la risa.

Un día le tocó ser revistado al equipo antigás de los soldados. Ya saben, la máscara que los alemanes llevaban en aquellas latas alargadas colgando a la espalda.

Las habrán visto en cientos de fotos, películas y vídeos. Hoy día son codiciada pieza de coleccionista.

Y ahora imaginen a ese oficial alemán, impecable, con cara de pocos amigos, que llega hasta donde el pelotón español ha vaciado, sobre la áspera manta, el contenido de sus latas.

Al alemán casi le da un patatús cuando mira.

En vez de la reglamentaria máscara antigás y sus accesorios, lo que hay sobre las mantas, le deja la sangre helada en las venas al prusiano. ¡No se lo puede creer!, y ¿dónde “coñen” están las máscaras…?

Lo que ve, y que es más o menos lo mismo delante de cada soldado son un conjunto de objetos personales: Chuscos de pan, trozos de chorizo, de morcilla o de queso, alguna loncha de tocino envuelto en aceitoso papel, higos secos, cartas enrolladas y sujetas con una goma, algún cuaderno o diario, naipes españoles, fichas de dominó, escapularios, rosarios y estampitas de doscientas Vírgenes y Santos distintos, cuchillas de afeitar, cerillas, cabos de vela y pares de calcetines…

El oficial de la disciplinada y eficiente Whermacht, rojo como un tomate le pregunta a un soldado en macarrónico castellano:

-¿Y esto?… ¿Por qué usa el contenedor de la máscara  para sus cosas soldad?… ¿Y la máscara?..

-En la mochila, Her comandante… Es que esta lata esta es cojonuda para guardar las cosas…Se mantiene todo seco, ya sabe usted, con ésta humedad polaca…

Y el alemán mira al teniente español, que no ha abierto su lata, avergonzado.

-¿Usted también,  mi teniente…?

– Claro Her comandante…. Se mantienen los calcetines secos y calientes…Y los planos a salvo.

Es tan solo una anécdota, un pequeño incidente, pero una muestra indiscutible de eso tan impreciso pero que viaja tan dentro de nosotros que se llama carácter español.

Un botón que muestra la razón del porqué somos distintos y de porqué de la necesidad hacemos virtud.

Son muchos siglos buscándonos la vida. Y eso se nota.

latasgasalemanas

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